Bombas, atracos y oportunidades perdidas

Vie, 05/06/2026 - 17:12
Autor:

Rainer Tuñón C. / Director de Información y Relaciones Públicas de la UP

zona de riesgo
Foto: IMDb

 

Imagina por un momento que, en medio de una obra de construcción, aparezca una bomba intacta de la Segunda Guerra Mundial. Se ordena una evacuación masiva, las calles quedan vacías, la tensión crece y el caos se apodera de la ciudad. Ahora agrega un grupo de ladrones que ve en ese escenario la oportunidad perfecta para ejecutar un audaz robo bancario.

Zona de riesgo es un thriller de acción que juega simultáneamente en esos dos terrenos: el suspenso de una operación de desactivación de explosivos y la adrenalina de un gran atraco. La premisa es atractiva y promete una experiencia de alta tensión, aunque la película no siempre alcanza la intensidad que su argumento anticipa.

Por momentos, parece una mezcla entre Duro de matar 3, El plan perfecto y Speed. La diferencia es que aquellas películas lograron convertir ideas relativamente sencillas en experiencias memorables gracias a personajes más sólidos, giros inesperados y una tensión que crecía de forma constante hasta el desenlace.

Uno de los aspectos mejor valorados del filme es su reparto, encabezado por Aaron Taylor-Johnson, Theo James, Sam Worthington y Gugu Mbatha-Raw. Son actores con suficiente carisma para mantener el interés del espectador incluso cuando la historia transita por caminos demasiado conocidos.

El principal problema de Zona de riesgo aparece justamente donde más importa en una producción de este tipo: la capacidad para mantener la tensión. Lo que comienza con fuerza y sentido de urgencia va cediendo terreno a fórmulas previsibles y a un mecanismo narrativo demasiado rutinario para sostener el interés inicial.

Eso sí, no estamos ante una mala película ni mucho menos ante un desastre cinematográfico. El problema es otro: la historia prometía una detonación memorable y termina ofreciendo una explosión bastante contenida.

Para quienes disfrutan de los thrillers de acción sin mayores complicaciones, probablemente será una experiencia satisfactoria. Pero quienes esperaban una propuesta capaz de sorprender y aprovechar al máximo su ingeniosa idea inicial podrían salir de la sala con una sensación de oportunidad perdida.

Al final, la onda expansiva de Zona de riesgo se queda corta. La gran idea permanece allí, visible durante todo el metraje, pero nunca termina de desarrollar su potencial. Funciona como una mecha que promete un estallido espectacular y se apaga unos segundos antes de la explosión.