Ladies First: cuando el discurso pesa más que el cine de entretenimiento

Vie, 29/05/2026 - 20:30
Autor:

Rainer Tuñón C. / Director de Información y Relaciones Públicas de la UP

ladies first
Foto: Nextflix

 

Hay películas que buscan entretener, otras incomodar y algunas buscan dar lecciones. El problema comienza cuando la supuesta lección termina devorándose al cine.
 

Ladies First es el remake de la producción francesa No soy un hombre fácil, ambas disponibles en Netflix.

 

Esta historia parte de una premisa sencilla y potencialmente interesante: un hombre machista despierta en un mundo donde las mujeres ocupan los roles de poder tradicionalmente asociados a los hombres.

La idea promete sátira, ironía y quizá una reflexión inteligente sobre las dinámicas sociales entre géneros. Pero el resultado, al menos para mí, termina siendo bastante más superficial de lo que aparenta.

Tomemos como línea base la versión francesa, que al menos tenía un tono más irreverente, absurdo y cercano a esa comedia negra europea que no teme burlarse incluso de sí misma. De hecho, el concepto original provenía de un cortometraje y conservaba cierto descaro narrativo y una ligereza que hacía más tolerable el discurso.

En cambio, su extensión a largometraje y posteriormente este remake se sienten mucho más rígido moralizantes y con una clara intención de “educar” al espectador. Eso provoca que, como audiencia, surjan más incomodidades que inquietudes reales.
 

Ambas películas intentan presentarse como sátiras sociales “progresistas”, pero terminan atrapadas en simplificaciones previsibles sobre género, poder y relaciones humanas. El protagonista masculino está construido como un catálogo ambulante de clichés machistas: superficial, egocéntrico, sexualmente torpe y emocionalmente inmaduro. Pero, la exageración es tan evidente que el personaje deja de sentirse humano y termina convertido en un simple maniquí ideológico.

El gran vacío de ambas producciones es que confunden inversión con análisis. Cambiar los roles tradicionales no necesariamente construye una crítica inteligente. Mostrar a mujeres ejerciendo conductas dominantes sobre hombres no desmonta las estructuras del poder; simplemente invierte el tablero. Y peor aún: cuando el cine deja de observar la realidad para comenzar a caricaturizarla excesivamente, pierde profundidad.
 

Por eso el discurso termina sintiéndose forzado y repetitivo. Después de unos minutos, el espectador ya entendió el mecanismo narrativo y la película no ofrece mucho más allá de reiterar la misma idea desde distintos ángulos.

Lo más curioso es que una crítica verdaderamente madura sobre el machismo y las relaciones humanas necesitaría matices: hombres vulnerables, mujeres contradictorias, dinámicas afectivas complejas y personajes menos ideologizados. Pero, estas películas prefieren el camino fácil de la simplificación porque resulta más inmediato y “viralizable” en tiempos de discursos rápidos y etiquetas sociales.
 

Al final, tanto No soy un hombre fácil como Ladies First terminan siendo películas previsibles, moralizantes y poco honestas con la complejidad psicológica real de los géneros y sus relaciones humanas.