Antonio Méndez/Investigador del Iden
La crisis de la educación panameña tiene múltiples componentes, factores y dimensiones que se articulan y amalgaman entre si, dando la impresión de que la misma es insuperable. Los diversos actores sociales, aunque coinciden en la existencia de una crisis educativa, no la caracterizan de igual manera, ni coinciden en cuáles deben ser las soluciones de la misma. También son parte del problema la falta de compromiso, de coordinación entre las diversas instancias educativas, la corrupción y la multiplicidad de intereses dentro del Meduca.
La crisis conjuga elementos estructurales externos al sistema, elementos internos en la estructura y el funcionamiento del Meduca y el resto de instituciones educativas, y elementos surgidos a partir de la pandemia. La causa estructural más importante de la crisis es que “no existe un proyecto nacional consensuado que funcione para todos” y que oriente la formación humana integral de los panameños en sus componentes social, cívico, cultural, profesional y técnico, como parte esencial identitario de nuestra nación.
Contrario a ello -aunque lo nieguen las élites el sistema opera en beneficio de su control social, al ser muy diferenciado, estratificado, exclusivo, mantiene barreras de acceso, inequitativo, está huérfano de condiciones infraestructurales e instrumentales para el apoyo a la calidad etc; en tanto que ellos -los sectores dominantes- se proveen de otro sistema educativo privado.
De ello derivan otras causas de la crisis como el no contar con currículos pertinentes al ideal socioeconómico definido, el no contar con modelos pedagógicos homogéneos bien definidos, el no contar sino hasta muy recientemente con sistemas integrales de evaluación, el no contar con infraestructura adecuada, ni con instrumentos modernos etc.
A ello se agregan las debilidades en la estructura y el funcionamiento de las direcciones administrativas, funcionales, y regionales del Meduca.Vistas estas y otras muchas dificultades graves el país ha tenido 14 diálogos por la educación en los últimos 20 años. El último ha sido el de 2017 y se montó sobre la base de 5 ejes temáticos que fueron: calidad de la Educación, Equidad Educativa, Formación de Educadores, Gestión de la Educación e Inversión para la Educación.
Del último diálogo denominado “Compromiso Nacional por la Educación”, se lograron consensuar un total de 37 políticas públicas de las que derivaron 241 líneas de acción. El Gobierno saliente optó por adherirse y darle continuidad a los acuerdos y adoptarlos en el plan estratégico. Sin embargo, no se produjeron avances significativos en la solución de la crisis del sistema. Y es que el conjunto de los elementos de la crisis se abordan de manera selectiva y asimétrica; con diversos grados de compromiso e intensidad.
Además, para la solución de los diversos problemas se asignan presupuestos insuficientes y recursos humanos limitados y sin diagnósticos científicos. Estableciendo un paralelismo podríamos decir que el Meduca intenta echar a andar un vehículo con muchas piezas dañadas arreglando solo algunas, en momentos distintos y con malos diagnósticos. Nuestro sistema educativo aún no se comprende a sí mismo, sin entender la finalidad colectiva que debe cumplir.