Autocines en Panamá: memoria que provoca nostalgia y alegría

Vie, 12/06/2026 - 20:12
Autor:

Carmen Guevara C.

autocines
Auto Cine N°1, avenida Ricardo J. Alfaro. Imagen tomada de la web www.google.com/search

 

Los autocines eran espacios únicos concebidos para el disfrute de los aficionados al séptimo arte. Un auto permanecía estacionado en un espacio abierto y bajo las estrellas.

En Panamá, representó mucho más que simplemente ver una película: fue una experiencia de ocio integral y nostálgica al aire libre que combinaba el cine con la música y el ambiente retro.

Hay experiencias que el paso del tiempo no consigue borrar, y una de ellas es la de ver una película desde el auto, con las ventanas abajo y con el cielo nocturno envolviendo la pantalla gigante.

Foto ilustrativa de autocine. Imagen tomada de la web https://www.critica.com.pa/
Foto ilustrativa de autocine. Imagen tomada de la web https://www.critica.com.pa/

 

Los autocines fueron muy populares durante mediados del siglo pasado y las décadas de los 60 y 70. La historia de los autocines en Panamá empezó en 1952 con el Auto Cine N°1, que funcionaba en Viejo Veranillo, detrás del colegio Artes y Oficios Melchor Lasso de La Vega.

Una información publicada en la web de Televisora Nacional (TVN canal 2) detalla que las películas se anunciaban en los periódicos de la década de 1950, en la sección “¡Función hoy!”. En la entrada se cobraba 0.60 centavos por adulto y 0.30 centavos por niño, en funciones de 7:00 y 9:00 de la noche.

cartelera de cine
Cartelera de cine en Panamá. Imagen tomada del diario La Prensa, agosto de 1985.

 

Agrega la información que, con el pasar del tiempo, en las décadas de 1960 y 1970, hubo otras alternativas, como Multicines, en Betania, cerca de El Dorado; Autocine Pacífico, en Marbella, frente a la bahía; y Autocine Olímpico, en Parque Lefevre. Para entonces, el costo de la entrada había incrementado a 1.25 y 1.50 dólares.

Otra modalidad que existía para esa época en los autocines se conocía como noches populares”, en las que se cobraba por carro sin importar cuántas personas iban dentro, además de los denominados fines de semana de discoteca”.

Para la década de 1980, fueron desapareciendo los autocines, pues sus carteleras salieron de los periódicos hasta que, en diciembre de 1987, en plena crisis durante la última etapa de la dictadura militar, solo quedaba de pie el decano Auto Cine N°1, que realizó su despedida con funciones especiales como la de El patrullero 777, de Mario Moreno Cantinflas, al costo de  2.50 dólares por vehículo.

Ya para enero de 1988, en lugar de promover con pompa alguna película, el espacio del Auto Cine N°1 en los periódicos comunicaba la disponibilidad de un “amplio terreno para alquiler”.

En una entrevista concedida al diario La Prensa, el escritor e historiador de cine Edgar Soberón Torchia señaló que la llegada del cine en casa, impulsada por el formato Betamax, y la aparición de los primeros complejos multisalas en Panamá durante la década de 1980 fueron factores determinantes en la desaparición de los autocines.

Según Soberón Torchia, los autocines fueron espacios de entretenimiento familiar y escenarios de encuentros románticos, siempre que las condiciones climáticas lo permitieran.

“Había que acercar la bocina al carro y ajustar el volumen para escuchar los diálogos”, recuerda el magíster Edgar Hernández, profesor de Artes Visuales y visitante habitual de los autocines durante los años 80.

“Cuando llovía demasiado, la función se cancelaba; era una molestia”, evoca Venancio Caballero, profesor de Relaciones Públicas, quien también recuerda la incomodidad que representaban, en ocasiones, los mosquitos.

Por su parte, el periodista Gregorio De Gracia rememora con nostalgia que, cuando la película no lograba captar la atención de los niños, estos se dedicaban a jugar, mientras las parejas aprovechaban la privacidad que ofrecía el lugar.