José. M. Tulier / Estudiante de Administración Pública del CRU de Panamá Oeste
Las elecciones de la Universidad de Panamá están cada vez más cerca. La propaganda política ya ocupa los pasillos y la contienda abarca desde la rectoría hasta los decanatos y las direcciones de centros regionales.
Muchos ya tienen candidato, pero este artículo va dirigido especialmente a quienes aún no han decidido; sobre todo a los estudiantes, que somos mayoría y que realmente tenemos el poder de colocar o remover autoridades mediante el sufragio.
Entonces surge la pregunta: ¿por quién votar? La respuesta no es sencilla, pero sí podemos empezar por quién no debemos votar. No votemos porque alguien nos lo pidió. No votemos porque un profesor lo sugirió. No votemos a cambio de favores ni por simple simpatía. Y, sobre todo, no votemos por votar.
Antes de elegir, cuestionemos. Somos estudiantes universitarios y tenemos criterio propio. Una universidad no puede formar profesionales críticos si sus estudiantes renuncian a pensar por sí mismos durante un proceso electoral.
Escuchemos a los candidatos, sí, pero también investiguemos quiénes son, qué han hecho y cuáles son sus propuestas. La democracia pierde valor cuando el voto se convierte en costumbre, presión o conveniencia.
Pero investigar no es solo mirar al candidato. También debemos observar su entorno. No hagamos lo mismo que tantas veces criticamos en la política tradicional: mirar hacia otro lado. Cuestionemos las propuestas, las publicaciones, los discursos y los métodos que utilizan los candidatos para ganar apoyo.
La hoja de vida importa, pero también importa quién rodea a cada aspirante. Un viejo refrán lo dice mejor que cualquier argumento: “Dime con quién andas y te diré quién eres.” Quienes acompañan y respaldan a un candidato también revelan el proyecto universitario que representa.
El filósofo Sócrates desconfiaba de la democracia porque consideraba que muchas veces esta favorecía al más popular y no al más capaz. Más de dos mil años después, esa reflexión sigue vigente. Cuando un candidato o simpatizante se acerque a nosotros, escuchemos, pero también preguntemos sin miedo. La universidad necesita estudiantes que participen con conciencia, no electores arrastrados por corrientes que solo benefician a pequeños grupos.
No informarse, no cuestionar o votar porque alguien más lo decidió por nosotros puede llevarnos al mismo escenario que hoy criticamos como sociedad: terminar con autoridades que llegaron allí no por mérito, sino porque muchos siguieron la opinión ajena en lugar de la propia.
El día de las elecciones, algunos estudiantes quizás no tengan clases y consideren innecesario desplazarse solo para votar. Sería un error. Acudir a las urnas es un derecho, pero también una responsabilidad. Son nuestros votos los que definirán quiénes conducirán el rumbo de la Universidad de Panamá en los próximos años.
Estas elecciones deberían ser una verdadera fiesta democrática: un espacio donde cada voto represente reflexión y convicción. Es hora de votar pensando en algo más grande que simpatías personales o intereses inmediatos. Porque después de las elecciones, las consecuencias de nuestra decisión permanecen mucho más tiempo que la propaganda en los pasillos.