El valor de la pregunta

Vie, 12/06/2026 - 20:02
Autor:

Dr. José Manuel Fajardo S. /Profesor Visitante Universidad de Panamá, Centro Regional Universitario de Coclé

 

En estas líneas quiero referirme a una herramienta heurística de sólido valor desde la tradición filosófica, y más adecuada que nunca para los tiempos actuales, cuando parece que las preguntas salen sobrando en cuanto que la data del internet se adelanta a su elaboración y nos ofrece respuestas anticipadas a nuestras dudas.

 

En una visita a Costa Rica, específicamente al Instituto Centroamericano de Extensión de la Cultura (ICECU), sede del proyecto de educación popular Escuela Para Todos, Pablo Freire hacía reflexión en 1971 sobre el peso epistemológico de la pregunta como vínculo entre el aprendiz y el docente. Entre sus consideraciones mencionaba cómo gracias a la acción de preguntar hay un juego de roles que se intercambia entre ambos protagonistas: el estudiante enseña al profesor, pues con sus preguntas le indica qué ángulos del tema de aprendizaje son relevantes desde su perspectiva; al mismo tiempo, quien está a cargo de cumplimentar los objetivos curriculares, se entera con mayor certeza de cuál es la vía por donde los contenidos a dominar pueden convertirse en conocimiento significativo, ya que el estudiante señala con sus preguntas qué lo motiva más para avanzar en el itinerario de aprendizaje.

 

Sin embargo, y es otro aporte que señalaba el autor de la Pedagogía del oprimido, es posible que el docente tenga miedo a abrirse al natural afán de la pregunta en el intercambio con los discentes, pues podría exhibir su ignorancia en puntos específicos, poniendo en duda su autoridad en el aula. Ante ello, el mejor remedio es la humildad pedagógica del que intenta enseñar, pues cada vez es más cierto que el volumen creciente de datos impide estar al día en todo, incluso para el profesional especializado. Al contrario, exponerse a manifestar ignorancia ante el grupo de estudiantes, lejos de reducir la estatura científica del docente, es una expresión ética de una humanidad que se sabe cada vez más limitada ante la avalancha cognitiva y refuerza su identidad como un sencillo acompañante en las rutas del aprender.

 

Concluyo estas ideas testimoniando que la estrategia de introducir preguntas en las actividades cotidianas del proceso de enseñanza y aprendizaje, permite una “puesta al revés” en el modo de confirmar la edificación de conocimientos, pues usualmente pedimos “respuestas” en los exámenes, sin embargo, al solicitar la redacción de preguntas sobre un texto destinado a la lectura comprensiva, la mayor o menor calidad en la confección de preguntas por parte del estudiante permite saber hasta qué punto hubo entendimiento real del tema, pues ninguna inteligencia puede redactar una pregunta sobre algo de lo que no guarda una mínima comprensión. Esta es una constatación que inyecta novedad en el aprendizaje docente, pues estimula la convicción de aprender mientras se enseña.