Abdel Fuentes C.
La recordación de Jesús, tras su injusta y religiosa condena, más allá de la tradición, sin que ello signifique desacreditar una valiosa herencia, rescata y mantiene la preservación del origen e historia del cristianismo. De igual manera, conserva la profundidad narrativa de algunas cartas que eran enviadas a las iglesias para dirimir los mensajes que atentaban contra ella, o en agravio de la fe cristiana.
Los viajes y el andar de Jesús sentaron una forma muy peculiar de atraer seguidores y transferir enseñanzas. Aquellos formatos destacaron por un estilo propio, como narrar realidades de la vida cotidiana de sus receptores, a través de las parábolas y otras figuras literarias.
Desde la mirada de la retórica didáctica, el estilo discursivo de Jesús no solo era exquisito y diametralmente opuesto al ser utilizado por los rabí de la época. Impactaba y provocaba malestar en los supuestos teólogos. Pero, también admiración y aceptación, que incluía al más humilde jornalero, hasta quienes eran rechazados, etiquetados y condenados por el sistema religioso.
Los discípulos de la oscuridad: escribas, fariseos y saduceos, no lograban comprender muchos de los mensajes que el Maestro de Galilea transmitía, pero esencialmente, como lo expone el alemán Joachim Jeremías en su obra Teología del Nuevo Testamento, Jesús rechazó la citada reinterpretación de la Torá. Por ello fue juzgado y vilipendiado.
Condenaban a Jesús por la genuina interpretación que hacía de la Torá, en lugar de las desviaciones anárquicas y fuera del espíritu de la Ley, que todavía hoy permanecen.
El capítulo 7 del Evangelio de Marcos (Versión Dios Habla Hoy) muestra las reinterpretaciones o significados anárquicos que la espuria casta judía hacía de La Ley de Moisés, que de cierto eran muy antiguas. Tras la aberración, según Jesús, en uno de estos agregados a la Ley, los judíos llevaban a los hijos a invalidar el mandato del Señor de amar a sus padres.
En aquella narración Jesús les dijo: “Para mantener sus propias tradiciones, ustedes pasan por alto el mandato de Dios. Pues Moisés dijo: “Honra a tu padre y a tu madre”, y “El que maldiga a su padre o a su madre, será condenado a muerte.”.Pero ustedes afirman que un hombre puede decirle a su padre o a su madre: “No puedo ayudarte, porque todo lo que tengo es corbán” (es decir: «ofrecido a Dios»).
En la traducción del Nuevo Testamento de la Biblia de Jerusalén, el texto apunta: “Pero vosotros decís: Si uno dice a su padre o a su madre: Lo que de mí podrías recibir, como ayuda lo declaro Korbán (expresión aramea que significa ofrenda), ya no le dejáis hacer nada por su padre y por su madre, anulando así la Palabra de Dios por vuestra tradición que os habéis transmitido”.
Hoy, la Semana Grande constituye una de las tantas ceremonias y actividades que se mantienen como escudo de la fe, frente a narrativas extrañas que pretenden atentar contra el cristianismo, las familias, y el legado de la Iglesia Católica a lo largo de la historia.
Preservemos nuestra herencia y fe, y repudiemos los intentos de los mismos perversos que buscan la destrucción del cristianismo, legado histórico y espiritual que nos dejó Jesús.