El sueño en la era digital: cuando la pantalla roba tus horas de descanso

Vie, 19/09/2025 - 20:47
Autor:

Yinkiria Cheng / Facultad de Ciencias Naturales, Exactas y Tecnología

 

¿Te has dado cuenta de que cada vez cuesta más conciliar el sueño? No eres el único. En teoría, deberíamos dormir al menos ocho horas, pero en la práctica casi nunca llegamos a siete horas. Por ejemplo, ¿cuántas horas durmió usted ayer?

En una sociedad que vive con prisas, dormir poco es casi una medalla de productividad, el tráfico nos hace salir más temprano y llegar más tarde a casa, las tareas, las obligaciones, hacemos de todo para cumplir con todos. Al final del día nos sentimos agotados y sin darnos cuenta, justo antes de dormir tenemos un celular en la mano, con el que fácilmente podemos pasar horas “relajándonos” viendo las últimas noticias para estar al día, o viendo videos para reír y así “conciliar el sueño”.

Nos esparcimos un rato, pero no nos damos cuenta del daño tan grande que nos hacemos al dejar que pasen las horas de sueño, son horas que no van a volver y quizás ahora no se ve, pero el cuerpo siempre pasa factura. Y es que los dispositivos electrónicos emiten un tipo de luz, luz azul que engaña al cerebro y lo hace mantenerse despierto, aunque usted tenga sueño, esta luz le hace creer a su cerebro que es de día. Esto retrasa nuestro reloj interno conocido como ritmo circadiano.

Reloj interno que regula funciones vitales como el metabolismo, presión arterial, temperatura, entre muchas otras cosas más, el sueño.

La ciencia es clara: la falta de sueño daña la fisiología del cuerpo de manera silenciosa y profunda. Mientras dormimos, el organismo no se apaga: justo cuando dormimos es el momento en que se repara, regula hormonas y consolida recuerdos. Cuando este proceso de dormir se interrumpe o usted duerme poco, aumenta las posibilidades de enfermedades, de aumento de presión arterial, la memoria se debilita, la concentración y la rapidez de reacción disminuyen, la irritabilidad, la ansiedad y el riesgo de depresión aumenta. El metabolismo se ve alterado.

Estudios recientes relacionan la falta crónica de sueño con mayor riesgo de obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares.

La falta de descanso incrementa la hormona del hambre (grelina) y reduce la de la saciedad (leptina), lo que favorece el aumento de peso. Además, disminuye la sensibilidad a la insulina, abriendo la puerta a la diabetes tipo 2.

El corazón no queda al margen: el exceso de cortisol, la hormona del estrés se dispara con el insomnio, eleva la presión arterial y aumenta el riesgo de hipertensión e infartos. El sistema inmunológico se vuelve vulnerable a infecciones comunes.

Dormir pocas horas no es un simple mal habito: es una agresión al cuerpo y supondrá más adelante un problema serio de salud pública. Recuperar el sueño como prioridad no es un lujo moderno, sino una necesidad básica para preservar la salud y la calidad de vida.