Dra. Nimia Herrera G. Directora de Educació Continua - Viex
Este artículo parte de una lista divulgada en redes sociales, donde se reúnen expresiones del español panameño que se escuchaban en la casa, en el barrio o en la escuela. Son formas del habla que acompañaron la vida cotidiana y hoy sobreviven porque se niegan a desaparecer.
Los términos seleccionados nombran gestos, sanciones, afectos, conflictos y formas de convivencia propias de nuestro terruño; en ocasiones, solo entre nosotros alcanzan pleno sentido. En estas expresiones, conviene distinguir tres niveles: el significado literal de la palabra, el contexto concreto donde se usa y la valoración social que puede cargar. Una misma expresión puede sonar humorística, afectiva, crítica o despectiva, según quién la diga, a quién se dirija y en qué situación aparezca.
Estos vocablos registran experiencias corporales y sociales en las que se mezclan la ironía, el humor y la crítica.
El recordar golpes, travesuras o caídas remembramos vocablos con sonoridad como zambapalo, tunda, soplamoco, cocorrón y cafá.
Te voy a dar tu cafá si sigues con ese comportamiento.
Así, la tradición oral usa términos como pilinqui, truñuño, wencha y runcho para observar, clasificar o advertir sobre ciertas conductas cotidianas, con mirada crítica, irónica o sancionadora.
En la fiesta, todos sabían quién era el pilinqui, aquel que hablaba mucho y aportaba poco.
En lo referente a las conductas y actitudes, empleamos vocablos como cepillo, lambón, sapo, baila la vara, pelele y guabinoso. Cada uno señala una forma de relación social: adulación, conveniencia, intromisión, indecisión o dependencia.
Cuando alguien no quería comprometerse, todos decían: No seas tan guabinoso ni baila la vara, habla claro.
Otras voces como alelao, awebao, yeyo, aculillao, desjuañingao, en panga, faracho, mococoa, ñinga, ñeks y beri beri son expresiones que nombran reacciones del cuerpo, del ánimo o de la sensibilidad social.
Después de la noticia, quedó alelao, mirando al vacío como si el mundo se hubiera detenido.
Le dio un yeyo y quedó aculillao por la amonestación.
Quedó todo desjuañingao con la noticia y le dio un faracho.
Cuando se trata del desorden, la agitación y el conflicto, se emplean voces como zafarrancho, revulú, verguero, zambapalo, apambinchao y pelonera.
La reunión terminó en un revulú que nadie pudo controlar.
En lo que respecta a la identidad cultural y la memoria histórica, aparecen voces como congo, fren, brother, xopá, bukin, tarrantantán y buco, vinculadas a influencias afrocoloniales y antillanas, al contacto con el inglés y a formas locales de pertenencia que han marcado el español panameño.
Mi brother, mi fren, decía el muchacho al llegar.
También, perduran en nuestra memoria colectiva otras voces como candanga, nofiting, flinting, barrejobo, chichipate, merecumbé, ponchi y webasteclas.
Al circular en cadenas por las redes sociales, estas voces nos recuerdan que la memoria lingüística panameña continúa viva. Se resisten a desaparecer, porque no son simples curiosidades del habla, sino que forman parte de nuestra identidad, de nuestra historia cotidiana y de nuestro modo particular de reconocernos como panameños.